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Momentos absurdos de la evolución humana

Hombre Prehistórico está un buen día nadando en el mar, y ve una criatura no muy grande, con la piel brillante.

– ¡Anda, un bicho que brilla! Oooohhh, brillanteeee… ¿Se podrá comer?

El bicho, que es un pez, mira con su ojo plano a Hombre Prehistórico; con esa cantidad de inteligencia que se mantiene inalterada en los peces, deduce que Hombre Prehistórico está pensando en zampárselo. Así que se va pitando, sin disimular ni nada.

Hombre Prehistórico, al que podemos llamar O Rly, es muy cabezota cuando decide que quiere comerse algo. Así que se pone a perseguir al pez.

Lo persigue y lo persigue, durante horas y horas. Y gracias a la cabezonería que es la gran ventaja evolutiva de la especie de O Rly, finalmente consigue atraparlo. Con los dedicos de las manos y los pies arrugados, O Rly sale del agua tan contento con su pez.

– Puaaaaaajjjjjjj ¡Qué peste echa este bicho!

O Rly no puede oler nada debajo del agua, pero fuera de ella el bicho brillante se convierte en un bicho apestoso. MUY apestoso.

– Bueno, ya que me ha costado tanto cogerlo…

Horas y horas de perseguir al bicho apestoso no pueden haber sido para nada. Así que O Rly, que con su brillantez cavernícola ha deducido que bicho apestoso debe tener tripas, lo abre para limpiarlas.

– Puaaaaaajjjjjj ¡Qué cosa más asquerosa!

El bicho brillante ahora es un bicho apestoso Y asqueroso. O Rly está a punto de darlo por perdido, pero claro, tantas horas arrugándose en el mar no pueden tirarse a la basura así como así.

Para olvidarse un poco del asco que ha pasado limpiando el bicho apestoso y asqueroso, O Rly se concentra en encender un fuego. Más animado con el calorcito, ensarta al bicho en un palo y lo pone sobre la hoguera.

 ¡O Rly! ¡¿Pero qué es esa mierda que has puesto al fuego?!

Desesperado, O Rly se da una palmada en la frente. En una lógica consecución de las leyes naturales, del bicho apestoso y asqueroso sale un olor nauseabundo que además se extiende por todo el campamento.

Pero O Rly no es un homínido que se acobarde ante las miradas cabreadas de unos cuantos monos bípedos, así que sigue asando su bicho hasta que piensa que está listo.

– Anda, ¡qué bueno está! ¡Mañana cogeré otro!

Y así, trillones de cienes de años después, los descendientes de O Rly seguimos haciendo exactamente lo mismo que él.

¿Por qué, Humanidad? ¿Por qué?

Próximo capítulo: Del voy a comerme un bicho con pinta de alien chungo al pulpo a la gallega.

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