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To The Lighthouse – Virginia Woolf

[Post originalmente publicado el 16 de junio de 2007]

Leer stream of consciousness es una suerte de prueba de fuerza. No es una lectura ligera, no son ese tipo de palabras que fluyen pausadamente por el cerebro y suavizan el traqueteo del metro sin anularlo del todo. Todo lo contrario, requiere un esfuerzo mental y emocional importante; zambullirse y tratar de no ahogarse en la actividad mental y emocional de otra persona es necesariamente un ejercicio exigente. Y también muy gratificante, una vez que se aprende a identificar las corrientes y a no interferir con ellas (de otro modo, arrastrarían la propia conciencia a una nulidad intelectual por sobrecarga)

Parte de la segunda mitad de To The Lighthouse desarrolla un extraordinario metadiscurso sobre la creación artística en acción. La descripción del proceso de pintar un cuadro, y sus asociaciones pasadas y presentes con el consciente y subconsciente de la artista, podría justificar por sí misma el resto de la novela. Por supuesto, la gran visionaria y exploradora que era Virginia Woolf, no podía quedarse en los límites de este metadiscurso de la creatividad. Grandes temas como el paso del tiempo y los cambios sociales se contraponen, solapan, flirtean y pelean con lo más íntimo de las relaciones entre padres e hijos, los mecanismos internos del amor aprendido, las identidades que se ponen las unas en manos de las otras.

Con poco más de cien páginas en la edición de Wordsworth ClassicsTo The Lighthouse es como un perfume denso; tan concentrado y celosamente conservado en su pequeño envase, y tan exquisito. Sus diferentes campos sobrecargados de flores se degustan mejor uno a uno, en pequeños ratos que colman los sentidos y los dejan de nuevo vacíos al momento inmediato.

El interés feminista que previsiblemente excitaría el mero nombre de Virginia Woolf también se ve satisfecho en varias de las múltiples ramificaciones en las que crece la narrativa. El corazón del fruto es el cuestionamiento del matrimonio, como institución y como esquema relacional entre dos seres humanos que deben amarse – o no. Realizado desde el habitual tono ambiguo y en ocasiones casi contradictorio de Woolf, alejado del panfletismo y focalizado exclusivamente en lo humano, resulta una suerte de estudio antropológico a escala microcósmica.

Altamente disfrutable.

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