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Humores que matan

[Post originalmente publicado el 24 de febrero de 2011]

Como ya llevo algunos post en plan creativo, ya me toca quejarme un poco y desahogarme, así porque me apetece.

El otro día andaba reflexionando sobre el humor, especialmente el que se hace parodiando a personajes mediáticos, a cuenta de unos comentarios que leí defendiendo a Juanjo Puigcorbé en su vendetta contra La Sexta. En los comentarios acusaban a “Sé Lo Que Hicisteis” de falta de respeto hacia las personas que parodian. Soy espectadora habitual de SLQH, y reconozco que en ocasiones abusan de las polémicas que provocan con determinados personajes para rellenar tiempo de programa. A pesar de esto, creo que las cosas se están sacando ligeramente de madre. Me explico.

Una de las cosas que me gustan de la idiosincrasia de este país, es que tenemos un alto índice de cachondos mentales. En mi caso, se puede decir que llevo el sentido del humor casi tatuado en los genes, ya que vengo de una familia altamente guasona. Nos gusta reírnos hasta de nuestra sombra, especialmente en las situaciones más serias. Una buena costumbre que tenía uno de mis hermanos era partirse de la risa cuando mi madre se enfadaba. Mi madre empezaba a despotricar a su modo hiperdramático; se hacía un silencio tenso, y a continuación se oían las carcajadas de mi hermano. Creo que reírse de uno mismo y de las situaciones es un hábito muy sano, especialmente para quitarle hierro a las cosas. Nunca me ha gustado la gente que se toma demasiado en serio a sí misma, ni los amigos de los melodramas situacionales. Esta vida ya es lo bastante puñetera como para tomársela demasiado en serio.

Volviendo a la muy española tradición del pitorreo, podemos presumir de haber producido grandes humoristas, aunque la mayoría de ellos no sean conocidos fuera de nuestras fronteras. Para mi gusto, Martes y Trece se encuentran entre los maestros de maestros. Y todos sabemos que gran parte de sus mejores momentos proceden de las parodias que hacían de personajes conocidos. Yo era demasiado pequeña como para recordar si hubo alguna polémica respecto a las imitaciones que hacían, pero sí recuerdo que ellos declararon que solamente parodiaban a personas que respetaban. Uno se lo puede creer, más o menos. Lo cierto es que Martes y Trece se permitieron el lujo de retratar a un monstruo de la música como Tina Turner con un helecho en la cabeza. Y creo que se puede afirmar con seguridad que tanto Josema como Millán respetaban enormemente a la Reina (sí, Tina Turner es la Reina de todo, lo siento Gagas y Madonnas) El gag más mítico y recordado de Martes y Trece fue el de las empanadillas, una parodia directa de Encarna Sánchez. Tampoco creo que se pueda acusar al dúo de no respetar a Encarna Sánchez por hacerle perder los estribos por unas empanadillas.

Lo que quiero decir, es que el sentido del humor trata fundamentalmente de inteligencia. Inteligencia para reconocer unos referentes culturales y mediáticos que son precisamente eso, referentes que se utilizan para hacer humor con ellos ya que mucha gente los comparte y los reconoce. El humor en gran parte es ridiculización, y en la ridiculización también entra la inteligencia. Inteligencia para saber diferenciar entre la ridiculización humorística y el objeto de dicha ridiculización. Para concluir uno solito, en definitiva, que ponerle un helecho en la cabeza a Tina Turner no implica pensar que Tina Turner es ridícula.

Nos falta, siempre nos ha faltado, capacidad de reírnos de nosotros mismos. En estos tiempos de celebrities, en los que cualquier persona puede ser mitificada por las razones más absurdas, me parece especialmente necesario saber reírse de todo y de todos. Que uno tenga un ego más grande que su cabeza, no quiere decir que haya que dejar de hacer parodias porque el ego sólo se alimenta de adulación. Defiendo la necesidad del humor y el derecho de los profesionales que lo practican a no ser demonizados. Quienes se ofenden por una parodia porque no tienen la inteligencia o la humildad suficientes para relativizar su importancia, son los únicos culpables de su ofensa. No los humoristas.

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