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Todo lo que hay más allá (y por acá)

[Post originalmente publicado el 18 de octubre de 2009]

Miro hacia arriba, y veo el cielo azul por la dispersión de los rayos azules y violetas que llegan desde la luz del Sol. Me encanta saber por qué el cielo es azul. Y que Venus es inhabitable porque fuertes vientos perpetuos erosionan constantemente su superficie. Y que no todos los planetas tienen campo magnético propio, porque para tenerlo su núcleo de ser de hierro fundido en movimiento.

El telescopio Hubble ha captado la imagen de dos galaxias en colisión. ¡Dos galaxias! Aquí estoy yo, sentada en un banco de piedra al principio del Paseo de Recoletos, oculta entre dos setos con hojas como la palma de mi mano. Soy producto de un pedo, del pedo primigenio del Sistema Solar.

Los planetas son los verdaderos dioses. Seres celestiales misteriosos y poderosos, regidos por sus propias leyes y sin embargo tan sutilmente unidos a nosotros, enanos del cosmos.

Estoy rodeada de niños. Nos gusta pensar y repetir en voz alta que ellos viven en un mundo aparte. En cuanto aprendí un poco de ellos, llegué a la conclusión de que no son sino versiones simplificadas y aumentadas de los mismos principios que nos rigen durante toda la vida. Son chiquititos, cabezones, y a veces adorables. Pero siguen siendo proyectos de Homo sapiens bis. Pedos del Sol.

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