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Tostón de Hielo y Fuego

[Post originalmente publicado el 03 de marzo de 2011]

¿Quién me mandaría a mí? Reconozco que la culpa es sólo mía. Lo único que medio soporto de novela histórica son los libros de Christian Jacq, porque tratan sobre Egipto que es un tema que me sulivella. En cuanto a la fantasía medieval, el primer y único volumen que leí de Reinos Olvidados me causó semejante trauma que cada vez que veo el título me dan escalofríos. Así que debería haber sabido que los libros de la saga Canción de Hielo y Fuego no eran para mí. Pero me dejé llevar por las opiniones de dos personas muy cercanas a mí, que lo ponían por las nubes y aseguraban que me iba a encantar.

Acabo de terminar la lectura de Juego de Tronos, el primer volumen de la saga, con el mismo ánimo que terminaría de hacer los deberes de la asignatura más odiada: para quitármelo de encima. Para conseguirlo, he tenido que saltarme bastantes párrafos, pasando directamente de largo algunas páginas. He querido terminar de leerlo para hacerle el honor a la persona que me lo ha dejado (y que se lo había dejado previamente a mi cónyujo, haciéndonos ya doble servicio de biblioteca) Si no hubiera sido por eso, habría tenido el dudoso honor de ser uno de los poquísimos libros que he dejado a la mitad. Y es que, si soy muy selectiva con los libros y las películas, es porque siempre intento aguantar hasta el final.

He visto algunas críticas desperdigadas por la Red, y todas lo suben al mismo pedestal que las personas que me lo recomendaron. No entiendo tanto entusiasmo. A pesar de que reconozco el mérito de cualquiera que sea capaz de escribir 800 páginas, el libro me parece muy mediocre, carente de cualquier cualidad que pudiera redimirlo un poco. Voy a intentar explicar por qué.

Uno de los puntos fuertes que se le atribuyen es la naturaleza y variedad de los personajes. La historia se va narrando a través de los puntos de vista de varios personajes; además de los personajes narradores, hay una multitud de personajes secundarios que se va ampliando a medida que se desarrolla la trama. La idea, como tal, es buena. Pero la ejecución de la idea empieza a fallar estrepitosamente en el momento en que los personajes se construyen basándose en dos premisas: la personalidad está determinada por la tierra donde uno nace, invariablemente; y los rasgos de familia se transmiten tal cual, como si fuera el bastón del abuelo que pasa de generación en generación. Como si del videojuego Los Sims se tratara, los personajes se definen por un set de características heredadas: color de pelo + color de ojos + estructura facial y corporal + rasgos de pesonalidad destacados. La consecuencia es que se obtienen unos personajes poco creíbles, de nula profundidad, que cuadran en estereotipos prefijados como en una camisa hecha a medida. Creo que se podría encontrar una definición para cada uno en TvTropes.com

Uno de los argumentos que me dieron para convencerme de que el libro me iba a gustar, era que los personajes principales no eran necesariamente los más guapos, ni siquiera los femeninos. A pesar de que esto es en parte cierto, todos los personajes siguen la relación establecida de que los rasgos físicos se relacionan con los personales. Si bien algunos de los personajes principales no son estrictamente bellos, tampoco son feos, y tienen algún tipo de atractivo. Los peores defectos se reservan para personajes escuchimizados, gordos o directamente deformes. O bien para los malos. Porque aquí los buenos son los buenos, y los malos son los malos. Hay algún personaje ambiguo, que rápidamente cae en la categoría de “Tengo una moralidad gris porque pongo mi supervivencia por encima de todo, pero no tengo malas intenciones”.

Con todo esto, obtengo que la historia me la cuentan unos personajes que son prototipos, cuyos diálogos no se distinguirían unos de otros si se pusieran seguidos- en unas frases encontraríamos sobre todo sarcasmo y en otras sobre todo frases sentenciosas, pero el estilo es esencialmente el mismo. Por lo que uno de los supuestos grandes atractivos del libro queda fuera de juego.

A la hora de valorar la trama, reconozco que entran en juego elementos más personales de lo que me gusta y lo que no. Las intrigas cortesanas y las guerras son dos temas que no tienen ningún interés para mí, y el libro se titula Juego de Tronos por algo. Sin ser excesivamente complejas, las tres historias principales que discurren paralelas en el tiempo cumplen su papel; no presentan agujeros argumentales aparentes, aparte de la plausabilidad que se quiera dar a algunos sucesos- reconociendo que no es un factor demasiado a tener en cuenta en un entorno de fantasía medieval.

Un entorno, por cierto, al que se le pueden poner varias objeciones, incluso admitiendo que es complicado analizar los elementos de un mundo creado por el autor. A pesar de tener en cuenta que este tipo de localizaciones en general se justifican por sí mismas, estoy convencida de que hay ciertos elementos que se podrían haber ejecutado mucho mejor. Uno de ellos es el de los retratos de las diferentes clases sociales y las relaciones entre ellas. El mundo ficticio de Canción de Hielo y Fuego sigue, o pretende seguir, las líneas generales de la organización social y económica de la Edad Media (teniendo en cuenta que es un periodo muy amplio, yo diría que más o menos en torno al siglo X, pero algún experto en la materia podría darme una colleja al respecto así que me quedaré con el término general) Esta inspiración medieval se traduce, entre otras cosas, en que la sociedad está polarizada entre la aristocracia y las clases bajas. De la aristocracia disponemos de muchísima información; la mayoría de los personajes, por no decir todos, pertenecen de alguna forma a este estrato social o bien están empleados por él. Los acontecimientos de la trama son las historias de la nobleza. Una vez más, esto se llama Juego de Tronos. Para mí, el problema reside en el agravio comparativo con el retrato, o más bien la ausencia de él, de las clases bajas. Durante todo el libro, los miembros de las clases más desfavorecidas se agrupan en un ente abstracto que podríamos denominar “Los Pobres”. Las pocas pinceladas de personalidad individual que se dedican a “Los Pobres” son desfavorecedoras y estereotípicas: son brutales y mezquinos; diría que como animales, pero ciertamente las descripciones de algunos caballos son mucho más halagadoras que las de cualquier miembro de “Los Pobres”. No digo que habría preferido una dinámica dickensiana de que los pobres son el colmo del honor y los ricos el colmo de la maldad, pero se habría agradecido que tuvieran alguna función más interesante que la de servir para que el fulgor de los nobles luzca más en comparación con su suciedad.

Con el tema de la representación de la mujer prefiero no meterme, ya que me saldría un post incluso más largo que este. Soy lectora y admiradora tanto de literatura femenina como feminista, por lo que siempre presto mucha atención a los roles de la mujer y su justificación en los libros que leo. Y también me escuece especialmente cuando lo que leo no me gusta. En un mundo que pretende ofrecer una ambientación medieval más o menos realista, donde las niñas se prometen a los once años y los niños guerrean a los dieciséis, no se puede pedir que veamos una manifestación de sufragistas. Pero sí se puede pedir que el tema se trate de una forma un poquito más innovadora, que al fin y al cabo esto es un mundo fantástico, y el rollo de que las mujeres no gobiernan y tienen que ser delicadas damas ya lo tenemos muy visto. Por hacer un poco de crítica constructiva, propongo como posible alternativa la incorporación de elementos del papel de la mujer celta como líder y guerrera. Esas mujeres que tanto asustaron y escandalizaron a los legionarios romanos. Así se hubiera mantenido el referente histórico, sin caer en el manido tópico de las damas medievales. Que sí, hay personajes que rompen esta imagen, pero siguen encajando en el manido tópico de la mujer que rechaza su rol femenino para desempeñar roles masculinos. El concepto de que una mujer puede abrazar su femineidad e incluso ser coqueta, y que al mismo tiempo le guste utilizar una espada y montar a caballo, está completamente ausente.

Ya para terminar, me quedo con dos ideas que sí me han gustado. Una de ellas es la espiritualidad primigenia, relacionada con la naturaleza, y su contraposición con una religión institucionalizada. Ambas conviven, pero la religión del poder se va imponiendo a las antiguas creencias. En especial me ha parecido muy bien realizada la versión de los bosques sagrados celtas. El libro se inicia con la presentación de una simbología muy poderosa, que no mencionaré para no destripárselo a nadie, que por desgracia posteriormente se diluye en la burda iconografía de los escudos de armas de las casas nobles. La otra idea que me ha parecido bien realizada es la de un mal desconocido, latente, una amenaza sobrenatural que está a punto de materializarse pero en la que nadie cree.

Acumulando todo lo dicho hasta aquí, mi conclusión es que el balance entre lo poco destacable y lo mucho reprochable hace que Juego de Tronos me parezca una lectura muy menor con casi nada que aprovechar. Me han dicho que la cosa mejora en los libros siguientes, que los personajes se van desarrollando y los buenos resultan no ser tan buenos y los malos resultan no ser tan malos. Sinceramente, si en 800 páginas no se es capaz de dar forma en condiciones ni a los personajes principales, no me interesa tener que leer otras 800 sólo para ver el siguiente paso.

Alguien puede preguntarse por qué me molesto en escribir algo tan extenso sobre un libro que me ha disgustado tanto. No pretendo hacer una burla gratuita. Como he dicho anteriormente, respeto el esfuerzo del autor y el criterio de quienes están encantados con el libro. Pero creo que hacer una crítica de algo que no ha gustado es muy enriquecedor, al menos para quien la hace. Cuando un libro nos gusta, es muy fácil hablar de él; nos faltan las palabras para enumerar todas las cosas maravillosas que hemos encontrado. Racionalizar aquello que no gusta, encontrar el por qué no ha gustado y elaborarlo en forma de argumentos, es un reto que ayuda a ver las cosas de forma menos visceral. Juego de Tronos me ha parecido un tostón, igual que este post interminable será un tostón también, pero me siento orgullosa de haber sido capaz de decir mucho más sobre él que “Esto es una patata”.

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