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Amores de película

[Post originalmente publicado el 17  de mayo de 2011]

Copiando descaradamente la idea de La Vieja Piragua, que me pareció muy divertida, hoy presento mi lista de amores platónicos cinematográficos. No es una lista exhaustiva, porque si lo fuera no acabaría nunca, pero sí deben ser los más importantes porque son los que mejor recuerdo. Aquí vamos:

Elijah Wood en “El Buen Hijo”: fui muy precoz para el tema de los amores, y ésta es una buena prueba de ello. No, no tengo un problema psicológico relacionado con los niños; Mr. Wood es de mi quinta, y la película la vi no mucho después de su estreno. Mark Evans, niño bueno y formalito con fondo valiente, era el prototipo perfecto de compañero inseparable para mis ideales inocentes de aquellos días. Si hubieran hecho la película “Mi chica” conmigo como protagonista femenina, sin duda lo habría elegido como mi partenaire. Elijah Wood sigue siendo uno de los actores con el físico más atractivo para mi gusto; hay tres cosas que me llaman mucho la atención en un hombre: los ojos claros, los ojos grandes, y la nariz grande. Será por eso que me sulivellan esos ojos azules como faros que gasta Elijah.

Nicholas Rowe en “Sherlock Holmes y el Secreto de la Pirámide”: ¿Qué decía yo de las narices grandes? Pues eso… Como ya he dejado constancia en algunos blogs de amigos areneros, me apasionan las historias de Sherlock Holmes, que además forman parte de mi infancia ya que pasé muy buenos ratos leyéndolas. Para crear el enamoramiento adolescente, a mi amor por Sherlock Holmes se unieron la anglofilia que ya estaba latente, y esa cara de lechuguino británico tan característica que debería ser patrimonio de la Commonwealth. Su pedantería no me provocaba rechazo, sino todo lo contrario: en mis años prepúberes y púberes yo era la versión femenina y ochentera del repelente niño Vicente. El joven Sherlock Holmes era el compañero de colegio y de instituto de mis sueños.

Hilary Swank en “El nuevo Karate Kid”: Por algún motivo del cual no quiero acordarme, fui a ver esta peli al cine. Hilary Swank me tuvo con la boca abierta desde que apareció en la pantalla hasta el final. La escena en la que salta el coche para evitar ser atropellada (primera escena del vídeo) se me quedó grabada en la memoria. Además de una actriz de bandera, me parece una de las mujeres más hermosas que han pisado Hollywood en los últimos años; con su belleza real y con defectos, no como esas rubias recauchutadas y clónicas que parecen fabricadas en cadena por el Señor Metro Goldwyn Mayer. Julie Pierce, la nueva alumna del mítico Señor Miyagi, me encandiló con su personalidad de adolescente antisocial e incomprendida a la que le importa un pimiento ser antisocial e incomprendida. Además, ¿quién no querría a su lado una chica con las pelotas suficientes para coger con las manos desnudas una mantis religiosa?

Winona Ryder en “Drácula”: Ay Winona, mira que arruinarte la reputación y la imagen robando chucherías en tiendas chic… Por suerte, cuando rodó “Drácula” aún estaba muy lejos de toda esa decadencia, y sale simplemente espectacular. Mina Murray nunca ha sido uno de mis personajes favoritos, pero Winona consiguió que me creyera la valentía y el lado salvaje que se escondían bajo su victoriana sumisión. Además, la dulzura de Mina casa a la perfección con esos ojos de cervatillo herido, y la convierten en simplemente adorable. A pesar de que Gary Oldman se la come interpretativamente con patatas, su breve caracterización como Elisabeta es impactante. Yo también atravesaría océanos de tiempo por una mujer así.

Tobey Maguire en “Wonder Boys”: Me van los raritos, lo confieso. Y si tienen grandes ojos azules, más todavía. Y si encima aspiran a ser escritores, ya ni te cuento. El enigmático y atormentado James Leer tocó mi lado más oscuro y bohemio; podía imaginarnos subidos a un árbol enorme de esos que hay en Estados Unidos, cada uno en una rama, intercalando profundas conversaciones con ratos de lectura silenciosa. La película no es muy conocida, pero yo la vi en la tele casi por casualidad y me pareció estupenda. Por cierto, también actúa Katie Holmes, la actual mujer de Tom Cruise, antes de convertirse en florero.

 

Kirsten Dunst en “Las Vírgenes Suicidas”: Me encanta el libro y me encanta la peli, que es el libro filmado palabra por palabra (ah, y también Sofia Coppola, que además cumple con el fetichismo de la nariz grande) Kirsten Dunst es, junto con Hilary Swank, uno de mis grandes amores platónicos preferidos; seguramente por ese aura de chica inalcanzable, a la que nunca terminas de conocer del todo. La rebelde Lux fue desde el primer momento mi favorita de las hermanas Lisbon, y creo que no se podría haber escogido mejor cara para ella que la de Kirsten.

Kyle MacLachlan en “Twin Peaks”: no es una película, pero da lo mismo. Más raro que un perro verde, el Agente Especial Dale Cooper es sin embargo encantador. Es más una amalgama de ideales que una personalidad humana, y seguramente en él se vea reflejado un idealismo que he ido enterrando con el paso de los años. El Agente Cooper fue un hito semejante en nuestras vidas, que llegamos a nombrar a una de nuestras cobayas en su honor (descanse en paz, la cobaya no el pobre señor de apellido difícil) Le gustan la filosofía oriental, el buen café, las tartas y los donuts. Y encima es buena persona. ¿Qué más se puede pedir?

 

Gary Oldman en “Drácula”: Lo he dejado para el final con toda la intención del mundo. Porque es lo plus de lo plus, el colmo del colmillo (nunca mejor dicho), mi amor platónico por excelencia. A pesar de que alguien debería darle un par de consejos sobre gafas de Sol, cuando en su película homónima Drácula aparece como un hombre joven, a mí me bailan todas las campanillas. Empaque victoriano y exótico acento eslavo para un antihéroe oscuro, cuya moralidad es más que dudosa a pesar de que en todas sus acciones se mueve por amor. Pura literatura romántica, que una se cree de principio a fin gracias a que Gary Oldman actúa como los dioses. Si me ponen más cosas en una sola entrega, implosiono. En la época que descubrí la película, si alguien me hubiera invitado a absenta para ligar, no habría necesitado abrir más la boca en toda la noche. La escena en la que Mina y Vlad cenan juntos, y éste le habla de su país mientras le sirve absenta, para mí se convirtió en el momento amoroso por excelencia (hasta que Mina empieza a alucinar, claro)

Y hasta aquí, todo el pescado vendido. Como dije, podría seguir y seguir y seguir, pero creo que me ha quedado una buena selección. Espero que quien lo lea disfrute tanto como yo con el post de La Vieja Piragua, y si alguien se anima a repetir ¡mucho mejor!

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