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La Steaua y Luceafarul – Mihai Eminescu

[Post originalmente publicado el 22 de agosto de 2011]

Como antes no había (ni creo que haya ahora, ni que vaya a haber) en la educación obligatoria una asignatura de Literatura Universal en condiciones, y como por deformación profesional tiendo a centrarme en la literatura anglosajona, hasta ahora no había oído hablar de quien está considerado como el mejor poeta de la literatura rumana: Mihai Eminescu.

Ventajas de trabajar con personas de otros países, hace poco conocí, además de su nombre, el poema que se aprenden todos los niños rumanos al igual que los niños españoles nos aprendemos la Canción del pirata de Espronceda.

La Steaua
La steaua care-a răsărit
E-o cale-atât de lungă,
Că mii de ani i-au trebuit
Luminii să ne-ajungă.

Poate de mult s-a stins în drum
În depărtări albastre,
Iar raza ei abia acum
Luci vederii noastre,

Icoana stelei ce-a murit
Încet pe cer se suie:
Era pe când nu s-a zărit,
Azi o vedem, şi nu e.

Tot astfel când al nostru dor
Pieri în noapte-adâncă,
Lumina stinsului amor
Ne urmăreşte încă.

Sí está en español su poema más conocido, Luceafarul o El Lucero.

Yo lo he disfrutado, y espero que de la mano de una compañera de trabajo venga mi reencuentro con la poesía Romántica.

* Edito para incluir la traducción de La Steaua que tan amablemente hizo TeoDor [comentario en el post original]:

Hasta la estrella que amaneció
Hay un camino tan largo
Que milles de años necesitó
A la luz llegar a nuestros ojos.

Puede que hace mucho se apagó
En azules lejanías
Y su rayo apenas ahora
Lució en nuestra mirada.

El icono de la estrella que murió
Despacio en el cielo sube:
Era en tiempos que no se veía,
Hoy la vemos, pero no está.

Asimismo nuestro anhelo
Que desapareció en profunda noche,
La luz del apagado amor
Todavía nos persigue.

———

Y también incluyo una traducción parcial de Luceafarul, que encontró Mónica  [comentario en el post original]:

Érase una vez como en los cuentos,
Érase una vez,
una niña de imperiales ancestros
De hermosísima tez.

Hija única, a la que aman tanto,
siempre en todo bella,
como la virgen entre los santos
Y la luna entre las estrellas.

Desde las sombras celestiales
sus pasos allá la llevan,
a las ventanas, en las cuales
El lucero la espera.

Mira hacia el mar en el ocaso,
cómo aparece y luce,
cómo con sinuosos pasos
barcos negros conduce.

lo ve hoy, lo ve mañana;
es así como el deseo brota.
Y al verla tantas semanas,
Él de ella se enamora

como ella apoya en sus palmas,
Para soñar, sus sienes,
Él llena de amor su alma
Y su corazón tiene.

De qué forma él se ilumina
cada nuevo atardecer,
cuando hacia el negro castillo mira
Y ve a su amada aparecer.
———————————–
(y lo mejor, la última parte)

En vuestro mundo terrenal,
La suerte os impera,
Mientras yo, frío e inmortal,
Me siento en mi esfera.

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