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Pequeños tesoros cotidianos: RTVE A la Carta

Todos estamos de acuerdo en que Internet es desde hace mucho tiempo un Maelstrom mastodóntico, donde nos pasamos largas horas de cada día buceando para muchas veces ahogarnos en los mismos contenidos livianos de siempre (el blog que visitamos cada día, las fotos de gatitos, el último viral en YouTube)

Carta de ajuste

Lo que ha llovido…

Es por eso que cuando encuentro algo que realmente merece la pena, es como si fuera un pequeño tesoro; algo que realmente aporta un poco más de valor a mi experiencia cotidiana. Uno de esos pequeños tesoros es A la carta, el portal donde RTVE presenta sus contenidos online.

A la carta es un inmenso archivo donde no sólo se pueden ver los contenidos actuales tanto de radio como de televisión, sino que poco a poco están subiendo programas y series de toda su historia. Por ejemplo, los aficionados a la cocina podemos ver el mítico Con las manos en la masa de Elena Santonja; y los nostálgicos de lo mejor que dieron de sí los 80 tenemos todos los programas de La Bola de Cristal.

Pero uno de mis descubrimientos estrella en A la carta es el maravilloso programa Para todos La 2. Realmente lo encontré por casualidad una de las pocas veces que encendemos la tele sin ser para jugar a la consola. Vi un trozo del programa, y me pareció tan interesante que lo busqué para verlo online, ya que por aquel entonces trabajaba y me era imposible verlo en directo. No soy capaz de contar cuántas horas pasé en el trabajo escuchando los clips de Para todos La 2.

Creo que es el único programa serio de actualidad que queda en televisión. Abordan una increíble variedad de contenidos, siempre desde la perspectiva del servicio social que pretenden ser, y que en mi opinión consiguen con creces.

Mis secciones favoritas son las de psicología, con las entrevistas semanales a los psicólogos Rafael Santandreu y Patricia Ramírez. Los dos me parecen unos cracks, cada uno en su estilo, y ver y recordar el contenido de sus entrevistas ayuda y mucho a mantener la cordura en el día a día.

También me encanta la sección de Mitos de la ciencia, donde el científico del CSIC Daniel Closa desmonta esas creencias supuestamente científicas que muchas veces aceptamos sin preguntarnos su origen. El estilo de Daniel Closa es muy simpático y elige temas muy curiosos; como además la sección es bastante cortita, yo me puedo ver diez vídeos de una tacada.

Pero no todo en A la carta es televisión. También podemos escuchar los programas de radio de todas las emisoras de RTVE. En  la sala de espera de mi psicóloga descubrí el diamante escondido que es Radio Clásica; y desde que empecé a escucharlo, tengo debilidad por Viaje a Ítaca, un programa donde relacionan la música con otras formas artísticas como la pintura o la danza. Con el especial que dedicaron al compositor y chelista Luigi Boccherini me quedaba tan embelesada, que no podía escucharlo en el trabajo.

Y para terminar con mis recomendaciones de A la carta, una emisora que dejé de escuchar hace tiempo por puro cansinamiento: Radio 3. La posibilidad de escuchar los programas por separado, evitando así gafapastismos diversos, me ha hecho volver a descubrir lo mucho que tiene que ofrecer más allá de lo moderniguay con lo que suele identificarse. Nuestra profesora de francés nos descubrió El Hexágono, programa de música en francés.

Lo malo que tiene A la carta es que la organización de los contenidos es un tanto extraña, y a veces es desesperante usar los menús para llegar donde queremos. Pero con el buscador nos podemos apañar bastante bien, y si nos hacemos un usuario podremos guardar nuestros contenidos favoritos, guardar lo que queramos ver más tarde, y repasar el historial.

Tengo que reconocer que le dedico mucho menos tiempo a estos tesoros desde que dejé de trabajar. En parte porque me da mucha pereza ver vídeos (solía escucharlos mientras trabajaba y mi trabajo no se resentía por ello, al contrario); y en parte por ese mecanismo que tenemos todos los humanos que nos dificulta disfrutar de las cosas que nos gustan si tenemos mucho tiempo para hacerlo.

Será cuestión de volver a alegrarse los días, que incluso los parados necesitamos nuestro pequeño espacio de satisfacción personal.

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