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Conciertos para el recuerdo: The Divine Comedy, Summercase 2006

Aunque hace poco se haya investigado el Summercase en relación a la trama Gürtel, en aquel momento cuando anunciaron el festival me bailaron todas las campanillas. No soy muy aficionada a las tiendas de campaña (de hecho, soy tan fina que ni siquiera me he quedado en un albergue juvenil en toda mi vida), y en el FIB del ’99 me lo pasé genial, pero si tengo la oportunidad prefiero dormir en casa. El primer Summercase me permitía disfrutar de todas las ventajas de un festival sin pasar por las incomodidades. ¿Y encima con este cartel? Póngame dos, por favor.

Popgasm!

Popgasm!

Así que hice un esfuerzo en mi economía de guerra de aquellos años para pagar los casi cien eurazos que costaba el abono para los dos días, y vaya si mereció la pena. Hasta la parte de las penurias estuvo a la altura de las circunstancias, y con mi calzado de verano pude notar todos y cada uno de los cantos rodados que poblaban el pedregal donde se instalaron los escenarios; y a pesar de los autobuses instalados por la organización, la vuelta a casa fue un poco menos peor que dormir en una tienda de campaña.

A cambio, añadí a mi lista de “Conciertos a los que he ido” un buen puñado de actuaciones memorables de grupazos: Belle & Sebastian, Massive Attack, Starsailor, Keane… hasta el mini concierto de unos muchachillos irlandeses llamados Director, que resultaron ser unos máquinas. Pero si hubo una actuación que realmente se me quedó en el recuerdo y el corazoncito, fue la de Divine Comedy.

The Divine Comedy fueron en mi época moza uno de esos grupos míticos por el precio inalcanzable de sus discos, algo parecido a lo que me pasaba con Ocean Colour Scene. Uno de mis sitios favoritos para comprar música en la era pre-internet era el difuntísimo Madrid Rock, que solía tener unos precios muy majos; excepto en toda la bendita discografía de Divine Comedy, que por algún motivo estaba siempre por las nubes.

¡Ja! ¡Al fin te pillé!

¡Ja! ¡Al fin te pillé!

Hasta que un día, buscando desesperanzada una oferta en alguno de sus discos, me topé con A Short Album About Love. La portada con Neil Hannon desdibujado sobre la lluvia me atraía, sólo 7 canciones pero venían 4 bonus tracks… y sobre todo estaba más barato que el resto. Vaya usted a saber por qué. El caso es que me lo llevé.

Y me enamoré. De la voz grave de Neil Hannon, del pop perfecto y preciosista de su música, de los toques electrónicos de Motorway to Damascus, de las pequeñas grandes historias contenidas en cada canción… ¿cómo no me voy a enamorar de un disco donde se habla del amor en términos de que si fueras un perro, te daría todas las sobras de la mesa? Tremendo.

Si no conoces A Short Album About Love, hazte un favor y escúchalo.

Y como en Spotify no está la versión del disco con las bonus tracks, YouTube viene en nuestra ayuda para que el mundo pueda escuchar Motorway to Damascus.

Pero todo esto venía a cuento del concierto de The Divine Comedy en el Summercase. La clave es lo que mencioné antes: las pequeñas grandes historias contenidas en cada canción. Lo que hizo tan especial este concierto fue que pude ver desde la segunda fila al increíble Neil Hannon interpretar con la voz y con todo su cuerpo cada una de las historias de cada una de las canciones. Aquí nadie pudo decir que no entendía las canciones porque eran en inglés; hubiera dado lo mismo que estuvieran en swahili.

Hablando de la voz de este hombre, al verle aparecer en el escenario, rubio y menudito con su chaqueta verde, lo primero que pensé fue “¿Pero dónde guarda ese vozarrón en un cuerpo tan pequeño?” Pues sí la tiene, sí, y la proyecta y maneja en directo con una técnica exquisita. No sólo eso, sino que en cuanto sale al escenario y empieza a moverse lo llena todo, porque tiene un cuerpecillo diminuto pero un carisma gigantesco. Sólo tuve ojos para él de principio a fin del concierto.

No te dejes engañar por esta imagen melancólica. Soy una bestia escénica.

No te dejes engañar por esta imagen melancólica. Soy una bestia escénica.

Bueno, para él y para la banda enorme de músicos que le acompañan. Es un espectáculo adicional ver cómo se van cambiando los instrumentos entre ellos como si tal cosa: ahora cojo el violín, ahora lo cambio por la flauta, ahora unos coros… y siempre suenan a gloria.

Lo mejor de todo es que sus músicos lo hacen todo con la mayor naturalidad del mundo, y Hannon equilibra los momentos más emocionales con buenas dosis de sarcasmo y sano cachondeo. Todo ello hizo que me metieran de lleno en ese espectáculo musical y teatral que montan encima del escenario, alrededor de la calidad y el poder de sus canciones. Con A Lady Of A Certain Age me pusieron un nudo en la garganta que todavía me estoy quitando, y que se me aprieta cada vez que la vuelvo a escuchar. A día de hoy, es mi canción favorita de The Divine Comedy.

Todavía con la luz del día, el espectáculo de The Divine Comedy en el Summercase 2006 para mí fue una experiencia que me alegro lo indecible de haber tenido. Pagaría otra vez la entrada completa sólo para poder tener ese concierto en el recuerdo. Me gustaron tanto que en otoño de ese mismo año volví a verlos, esta vez en la sala Joy Eslava (al buscar información, he recordado que el concierto se enmarcaba dentro de lo que se dio en llamar Wintercase)

Esa vez también fue mágico, aunque no pude verlos tan cerca. Eso sí, me quedé con la impagable imagen de la banda empezando a tocar a traición cuando Hannon estaba bebiendo agua, y el saltito con media vuelta que se pegó para llegar al micrófono y entrar a tiempo.

Todo clase.

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