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Los grises contables y la creatividad

Desde pequeños, nos animan a escoger una profesión favorita, que idealmente será la que ejerzamos de adultos. Se nos pregunta qué queremos ser de mayores, jugamos a los médicos o los astronautas; y en el modelo educativo español actual, se nos marca un camino académico, supuestamente dependiendo de nuestras preferencias y aptitudes. Siguiendo la narrativa del esfuerzo sobre la que se ha hablado y criticado muy bien en otros sitios, estudiaremos y al final de nuestros estudios ejerceremos una profesión relacionada con nuestros estudios.

Eso lo que viene siendo idealmente, claro.

Porque este pequeño cuento vital que nos leen a todos desde las noches de nuestra infancia, es demasiado simple para abarcar la enorme complejidad y multiplicidad de desarrollos y circunstancias vitales. Pero no es esto de lo que quiero hablar ahora, sino de uno de los, llamémoslo así, productos mentales de este cuento. Y es la tendencia a identificar personas con profesiones. Se asume que niños activos y poderosos físicamente tendrán preferencia por el deporte, niños tranquilos e imaginativos por las artes, y niños poco dados a la fantasía gastarán sus días hasta la jubilación entre las paredes acristaladas de una oficina.

De pequeños ellos odiaban las pelis de Disney.

De pequeños ellos odiaban las pelis de Disney.

Una tendencia que se está convirtiendo en parte de la identidad de muchas personas, ahora que las empresas han descubierto que para que un trabajador haga más horas extra que un sereno, hacer que identifique su persona con su trabajo es mucho más efectivo que el plazo imposible para hacer ese informe catapultador de carreras que sólo existe en las películas. Especialmente con la cultura de los emprendedores y el rollo que han dado en llamar millennial, una persona sólo se realiza plenamente cuando le apasiona su trabajo; eres tu trabajo, cómo te enfrentas a él, y si tu trabajo es guay y te pasas mil horas trabajando, tú eres guay a la milésima potencia. Si tienes un trabajo aburrido, monótono, que no es el trabajo de tus sueños, eres un fracasado. No estás viviendo la vida que quieres vivir. Eres un ser temeroso de tus sueños.

Una de las peores pesadillas de esta forma de pensar según la cual tu yo ideal debería parecerse a Steve Jobs sacando de un sobre un aparatito de tecnología cara y chic, es el trabajo de contable. El trabajo de oficina, frío y gris; la dura mecánica de los números que día tras día de insulso trabajo va apagando las ilusiones y los sueños de la persona, y cómo no, su creatividad.

El infierno es pasar cada día delante de una máquina de vending de café.

El infierno es pasar cada día delante de una máquina de vending de café.

Uno de tantos estereotipos en los que Hollywood ha tenido mucho que ver, al menos en la forma en la que se ha fijado en el imaginario popular. Cuántas películas no muestran al protagonista aburrido en su trabajo de oficina, que deja en cuanto se lanza a su nueva vida en la va a cumplir los sueños que tiene desde niño (y presumiblemente zumbarse a su nueva pareja) Uno de tantos estereotipos que hemos asimilado a pies juntillas, como si fueran la pura representación de la realidad; y no la estrategia de un cineasta para jugar con ese anhelo secreto que todos tenemos de que algún día llegará nuestra vida de verdad. Porque es más cómodo  creer que en algún lugar está esperando todo aquello que deseamos, que trabajar por sentirnos felices en la vida que nos ha tocado.

El caso es que el trabajo de contable, o cualquier trabajo de oficina, en la mente de muchas personas es la muerte de la imaginación. Olvidando que, para empezar, creatividad no es sólo pintar cuadros. Cuando un contable revisa los errores en las cuentas y trata de averiguar qué ha pasado, está usando la creatividad. Y para seguir, que las personas somos mucho más completas y complejas que esa caja en la que nos clasifican de acuerdo a nuestra profesión.

Cuando reflexiono sobre estos temas, siempre recuerdo la historia que salió hace tiempo en las noticias, sobre un trabajador de un área de pesaje que había escrito un libro de poesía y conseguido que se lo publicaran. No he podido encontrar su nombre, pero recuerdo nítidamente las imágenes que habían grabado de aquel poeta, en el pequeño cubículo donde entre camión y camión había escrito sus versos. También me acuerdo de una persona que me ha inspirado muchísimo a pesar del poco tiempo que la traté; durante gran parte de su vida había sido y seguía siendo ama de casa, trabajo rutinario y alienante donde los haya. A esta persona la conocí en la escuela de música, donde estudiaba piano. Yo misma, que por circunstancias del directo estudié Filología Inglesa y acabé trabajando de contable; y creo que todas las personas que me conocen están de acuerdo en que se me puede considerar una persona muy creativa. Pero todo el mundo cree estas historias cuando se cuentan; porque hablan de personas que son creativas a pesar de.

Una de las muchas cosas que esta contable tan poco creativa hace en su tiempo libre.

Una de las muchas cosas que esta contable tan poco creativa hace en su tiempo libre.

Y estoy hasta las narices de esa costumbre tan extendida y humana de etiquetar a las personas, y decidir qué pueden ser o no en función de esa etiqueta. Porque no puedes ser un ama de casa, y al mismo tiempo tener sensibilidad musical y una profunda espiritualidad. No puedes trabajar en una estación de pesaje y ser poeta. No puedes haber estudiado una cosa, trabajar de otra, y mientras tanto desarrollar tu creatividad. No, todo eso lo haces a pesar de. Cuando te están diciendo que eres creativo o artístico a pesar de tu trabajo o tus circunstancias vitales, te están quitando el derecho a ser la persona que eres. Te están quitando el derecho a tener una identidad más allá de lo que ponga en tus datos de alta en la Seguridad Social, en tu declaración a Hacienda o en tu Libro de familia.

Reivindico para todo el mundo esa potestad sobre la creatividad, la libertad y la realización personal que muchas profesiones actuales se están adjudicando de forma exclusiva. Reivindico el derecho de cada uno a sus propios sueños, a cumplirlos si le da la gana y cuando le dé la gana; en lugar de pagar a un “profesional” 50€ la sesión para que te empuje a buscar ese otro yo que de ninguna manera puede ser tu yo actual, contradictorio, falible y de múltiples facetas.

Porque si algo me ha quedado claro con el paso de los años y el conocer a personas muy distintas, es que el ser humano es maravilloso en la diversidad de formas que tiene de buscar la felicidad y vivir sus fantasías. Y también, que una persona que dibuja o escribe un artículo todos los días puede tener tanto miedo a salir de su zona de confort y desarrollar su persona como el más gris de los contables.

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